Ayer conmemorábamos el aniversario del cine español, que cumplía los 112 años, desde que un camarógrafo de los hermanos Lumière diera el pistoletazo de salida a España en su carrera dentro del mundo del celuloide.
El recuerdo de los primeros pasos del cine, apenas balbuceante, precario, torpe y lleno de genialidad a la vez, nos evoca imágenes con muchos contrastes, sin mas acústica que la del proyector, hasta que cae a idea de ponerle un acompanamiento musical al metraje, que se resuelve ejecutando las partituras de un piano de cola a pie de pantalla…O por lo menos hasta que se perfeccionó la sincronización de la imagen con el sonido. de todos modos eso duró poco tiempo, puesto que el cine sufrió un vuelco tremendo con la incorporación directa del sonido, pasando de la era del cine mudo, a la del cine sonoro.
Mucha gente no sabe que ésta revolución tan positiva, no tuvo tan buena acogida en su momento- es normal, la falta de costumbre y el conservadurismo siempre han causado estragos a lo largo de la historia-, además de truncar la carrera de prometedoras estrellas del celuloide, cuyas voces estridentes o acentos “inapropiados” dejaron fuera del ’star system’.
Y una cosa lleva a la otra, y al hablar en el anterior post de inicios del cine, qué mejor que dedicar un espacio a la primera película sonora de la historia, “El cantor de Jazz” de 1927 (aúnque hay gente que lo niega, en detrimento de otras candidatas)!
Sin ser una genialidad, ni una joya del cine, ésta película pasó a la historia mas por el hito de ser pionera en la sonoridad, que por méritos de guión o de dirección.
Sin embargo, algo relacionado con el personaje, interpretado por Al Jolson, o con la banda sonora de la cinta, impregna a ésta de un “No sé qué, que qué sé yo…”, como diría un amigo filósofo, que la hace diferente. Y eso nos gusta.
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